European International School of Barcelona

Víctor González es el responsable del Departamento de Innovación Pedagógica del European International School of Barcelona y profesor de Lengua Castellana de secundaria.
Inspirador e implicado en el desarrollo de nuevas dinámicas y estilos de aprendizaje en el aula. Víctor nos explica su experiencia con Yoleo.
¿Qué os aporta Yoleo?
¡Uf! !Muchas cosas! La primera es que permite liberarme de la parte más desagradable de la gestión de la lectura, la supervisión y el control.
Es decir, el tiempo que no dedico a la gestión burocrática de todo esto, lo puedo dedicar plenamente a la lectura en sí, a que les gusten los libros en general, a que les guste este libro en concreto, a analizar la trama, a poder narrar fragmentos e incluso capítulos enteros en el aula. Es difícil que ellos disfruten de la lectura si no narran adecuadamente cuando leen de forma individual
Para mí esto es muy importante y la plataforma me permite contar con una total organización del avance lector y de las lecturas de cada alumno. De esta manera, puedo dedicarme a lo que es prioritario, los alumnos.
Hay muchas cosas que la plataforma soluciona. Otra de ellas es poder ofrecer una selección de libros que hayan pasado los filtros que yo como profesor decido poner y que dentro de esta amplia selección puedan escoger sin problema una de estas lecturas y no tener que estar supervisando uno a uno si la que ha seleccionado es correcta.
Es decir, ¿destacarías el poder crear estanterías para tus alumnos?
Totalmente. En mi caso, yo hago la selección de lecturas una vez y ellos tienen la variedad necesaria para que sus gustos estén contemplados y valorados en esta selección. Así, saben que cualquier libro de los que yo he propuesto en la estantería es una lectura viable. Obligar a leer es contraproducente, pero si les permites escoger, les haces partícipes de esta decisión.
Después, evidentemente, siempre hay un 10 por ciento, o un 15 por ciento que no está recogido en este rango, pero claro, asumir un 10, o un 15 por ciento de 100 alumnos, como es mi caso, que llevo cuatro líneas, es factible en detrimento del tiempo de trabajo con ellos.
Has mencionado antes que dedicas tiempo a la narración en el aula, ¿puedes explicarnos un poco más?
Por supuesto. Narrar bien la lectura nos lleva también a aprender a hacernos las preguntas adecuadas. Es decir, estas cosas que no están escritas, pero que tú, como lector puedes deducir al hacer las preguntas adecuadas en un momento dado, disfrutando más del proceso de lectura. También predicen un poco qué puede pasar y te sorprendes cuando no pasa.
En cambio, cuando tu proceso lector, aunque hagas bien las pausas de los puntos y las comas, consiste en juntar las palabras y luego lo mismo con cada línea, nos encontramos con alumnos que en realidad no están haciendo un aprendizaje activo, es decir, un proceso de lectura activo. No están pensando en lo que leen. Claro que están leyendo, pero la comprensión de la lectura va más allá y eso después en el resultado de los cuestionarios también lo ves con claridad.
En resumen, el gusto por la lectura mejora el hábito lector. Muchos alumnos, con los años, me han escrito y me han dicho que probablemente sin mis clases de literatura no habrían descubierto el lector que había en ellos. Y no es solo porque a mí, como docente, me guste mucho leer, que como ejemplo para ellos es importante, sino por las dinámicas que se han sembrado en sus procesos de lectura.
¿A qué dinámicas te refieres?
Por ejemplo, acercarles la lectura, sin forzar, hacerles partícipes de ella, de su elección e implicación. Hay un margen entre el «te lo doy todo», es decir, ve a la biblioteca y escoge la lectura que quieras, y el «escoge entre uno de estos» porque pierdes a muchos alumnos en medio.
Por un lado, una gran diversidad de elección les puede abrumar y por otro, escoger entre demasiada poca variedad les puede hacer sentir obligados a que les guste. Así que el hecho de poder encontrar un punto entre los dos extremos es también uno de los beneficios que destacaría de Yoleo.
En relación con la evaluación de la comprensión lectora, ¿cómo viven el tener que hacer los cuestionarios?
El gran punto es que los cuestionarios sean capítulo a capítulo o se organicen en lotes de capítulos. Esto permite analizar con detalle el proceso de lectura con cada alumno.
Un proceso de lectura de 60 minutos es exagerado, nosotros como adultos, depende del día o de la hora, dedicamos a la lectura un tiempo u otro, pero a ellos quizás esto les cuesta más. Que después de cada capítulo o cantidad de páginas, muy asequible, puedan ir haciendo los cuestionarios, les motiva a distribuir sus logros en porciones. Esta constancia, además de fomentar el hábito lector, les ayuda a organizarse y no entender la lectura como inasequible o una actividad que requiere de una cantidad de tiempo exagerada.
¿Qué pasa? Poder fragmentar los libros en cuestionarios, por un lado, agiliza no solo la comprensión del texto, sino que también mejora el proceso lector, porque les permite parar en un momento dado y resolver un test mientras el cerebro, al cambiar de actividad, se oxigena también. El niño nota un cambio de actividad y esto implica un proceso de evocación, de recordar lo que ha pasado, etc. Y a mí me da información sobre si ese niño está siguiendo la lectura o no, ya que a veces pasa que les está encantando, pero no son capaces de resolver el cuestionario.
Es decir, me da información más allá de la actitud o de la predisposición a leer, más concretamente sobre sus procesos de comprensión lectora y de aprendizaje.

European International School of Barcelona es un centro privado de Sant Cugat del Vallès, en Barcelona.
Empezaron con Yoleo en 2016 y lo han implementado de primero a cuarto de la ESO.
